
Me sentí frívolo.
Es que el mundo es un
grito sediento de monos
con portafolio y corbata.
El hombre metropolitano
convive acostumbrado con
el rostro de la degradación humana.
El hombre de la metrópoli
ha dejado de sorprenderse
por el color de una flor.
El mono de la metrópoli
camina con un collar de perro
sabiéndolo y no.
El neosimio metropolitano
olvidó el llanto y la sonrisa de una
palabra.
El que se piensa hombre,
transita por el sendero de la vida
sin cuestionar su cuadrática y frívola
máquina de actuar,
su despojo del sentimiento,
que no es otra cosa que
olvido
(o lo desconocido por conocer).
txt. LUCAS |